Photo by Omar Al-Ghosson

Photo by Omar Al-Ghosson - unsplash.com

Tu vehiculo, tus datos


Thu Sep 17 2026

Hace un tiempo me compré un vehículo que incluía una aplicación que recopila datos: velocidad media, velocidad máxima, lo que tardas en ir al trabajo, kilometraje, cuándo tienes que ir a revisión, por qué zonas te mueves, dónde aparco todas las noches… En resumen, dónde esta tu vehículo en todo momento.

En fin, una cantidad ingente de datos que, si te paras a pensarlo, son realmente valiosos. Si los combinas con los de otros usuarios, obtienes mapas increíbles. Y si los cruzas con los de tus socios —las aseguradoras—, puedes saber a quién inflarle el precio.1

El software y el hardware de tu vehículo no son tuyos

Si compras un vehículo y tiene una de estas apps, los datos no los tienes. Están en el servidor de la empresa que lo gestiona. Para que sean tuyos, has de saber que tu GPS de coche o moto tiene un IMEI porque es como una tarjeta SIM que puede recibir comandos por SMS. Por suerte, hay herramientas para redirigir esa información y tenerla en tu propio servidor.

Ahora bien, tener un servidor en casa no es barato, y encontrar información sobre tu GPS no es fácil. Creo que debería ser obligatorio, no sé hasta qué punto es legal que no tengas información del producto por el que has pagado una cantidad ingente de dinero. Pero ahí está, en tu vehículo: hardware y software por los que has pagado y de los que no puedes saber nada. Es una caja negra.

De hecho, hay incluso casos en los que te obligan a pagar una mensualidad —como en mi caso—. Lo puedo entender: tener un servidor encendido cuesta dinero. Aún así, la cantidad que te suelen cobrar da de sobra para mantener tu propio servidor. Si bien es cierto que, pagando esta suscripción, no tienes que hacer la inversión en hardware.

Lo que es peor aún, hay casos en los que ciertas características del vehículo, como los asientos calefactables, no son utilizables a menos que pagues la mensualidad. Lo cual es ridículo y es una forma de verte atrapado en esta suscripción. En mi caso, como el vehículo era nuevo, esto era gratis, y no me di cuenta de todo lo que redacto aquí hasta que me dijeron que no era gratis (un año después).

Cómo “hackear” tu vehículo

Hackear suena fatal por toda la connotación que le ha dado Hollywood, pero en España (mi país) es totalmente legal mientras sea de tu propiedad. Y en este caso no estás haciendo nada malo: lo que estás haciendo es usar algo por lo que has pagado y querer saber cómo funciona.

En mi caso, tuve que localizar dónde está el GPS. Normalmente los vehículos vienen con documentación que explica este tipo de cosas. Es una caja: la abres y ahí encuentras el IMEI, el código PUC y datos similares a los de un teléfono móvil, ya que funciona como una SIM. También tienes datos como el fabricante; a veces no pone el modelo, pero lo puedes encontrar en internet.

A partir de ahí tendrás que averiguar cómo captar la señal de ese GPS desde un servidor e ir guardándola en una base de datos. Que es, precisamente, por lo que te cobraban. Está todo explicado en la web del fabricante del GPS, ya que suelen fabricar para vehículos y también para clientes. Usan el mismo software para B2C que para B2B.2

A mí personalmente me sorprendió que estas tarjetas SIM puedan recibir comandos por SMS y que sea tan fácil redirigir la información. Obviamente necesitas el IMEI, y eso es algo que solo puedes saber si eres el fabricante o si abres el GPS.

No daré muchos detalles sobre cómo se hackea, pero basta con un par de búsquedas para ver que tienen su propia librería de software en la documentación. Buscando un poco en webs de Git (github, codeberg, gitlab…), puedes clonar herramientas ya hechas con estas librerías. Con un par de comandos, listo. Aunque la mayoría están pensadas para usarse con un cron en un servidor (es decir, ejecutar una tarea cada cierto tiempo desde una máquina que está siempre encendida).

La solución fácil: desconectar o hackear

¿Realmente necesitas todos estos datos para algo? Estamos entrando en una época en la que se recopila y guarda cualquier dato por absurdo que sea con el fin de especular con ellos. Porque tal vez es bueno saber dónde está tu vehículo, pero creo que es un ejercicio mental que se puede hacer sin el uso de una APP.

Creo que un ejemplo claro de esto fue la aplicación Strava y los casos de acoso que se dieron. Además de poder saber si alguien tiene problemas de salud o si se ha quedado embarazada… gracias a un reloj inteligente. Eso en países democráticos no es un problema, pero en otros como EE. UU., donde hay estados en los que es ilegal abortar, es un problema grave.

Sería genial tener todos estos servicios sin un uso lucrativo por parte de las empresas. Pero, después de todo, no somos comunistas.3 Es la canción de siempre: si algo es gratis, el producto eres tú. Y lo peor es que, en este caso, no es gratis y te limitan características de tu vehículo porque necesitan que la uses, aunque la app no sirva para nada.

Entonces, si tienes tiempo libre, quitar estos dispositivos es cuestión de un momento en algunos vehículos y no rompen nada funcional. Si tienes mucho tiempo libre, se puede hackear. Sea como sea, la solución no es pagar una mensualidad para usar nuestros vehículos.

Y si estás en la Unión Europea, puedes recurrir a la RGPD4 de protección de datos vía mail, y los ingenieros te ayudarán a hacerte dueño de tus datos. Ahora bien, lo que pasa de puertas para dentro en la empresa que gestiona esos datos nunca lo sabremos.


Footnotes

  1. Aquí se critica la práctica de las aseguradoras de usar datos telemáticos para ajustar primas de riesgo, algo cada vez más común en seguros de automóvil y moto. ↩

  2. B2B es venta de empresa a empresa (business) y B2C de empresa a cliente (client). ↩

  3. Referencia a El Padrino (1972), de Francis Ford Coppola. En la película, Michael Corleone pronuncia una frase similar: «After all, we’re not communists». Se usa como guiño irónico para señalar que todo tiene un precio, incluidos los datos. ↩

  4. RGPD: Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, en vigor desde 2018. Regula el tratamiento de datos personales y otorga derechos como la portabilidad, el acceso y la supresión. ↩

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